Como un regalo de los Reyes Magos, la Orquesta Filarmónica de Honduras ofreció en Tegucigalpa, un concierto especial para celebrar la Epifanía del Señor, una fecha que marca el cierre del ciclo navideño y abre, simbólicamente, el camino del nuevo año. Asistir a este concierto fue encontrarse con una tradición viva, donde la música se convierte en puente entre lo espiritual, lo cultural y lo comunitario.
Durante el mes de diciembre, la Orquesta Filarmónica de Honduras realizó diversos conciertos navideños en distintos espacios del país, acercando la música sinfónica y coral a públicos amplios. Me alegró profundamente ver el espacio lleno de asistentes. La Parroquia Medalla Milagrosa, con su arquitectura de dos niveles, recibió a una audiencia diversa: familias completas, adultos mayores, jóvenes y niños que ocuparon cada rincón del templo. Desde la nave principal hasta los balcones superiores, el espacio se transformó en un escenario donde la música y la arquitectura dialogaron de forma armónica, creando una atmósfera íntima y solemne.
La dirección estuvo a cargo del maestro Jorge Gustavo Mejía, Director Artístico Ejecutivo de la Asociación Filarmónica Coral de Honduras. Bajo su batuta, la orquesta y el coro lograron un equilibrio preciso entre rigor musical y cercanía con el público. Aunque la AFCH es una institución de carácter secular, como se menciona en el programa del concierto, su labor artística no puede abstraerse de celebraciones que han inspirado, a lo largo de la historia, algunas de las obras más significativas del repertorio universal. En este caso, la Navidad y la Epifanía se presentaron como símbolos de esperanza, paz y encuentro, valores que la música supo transmitir con claridad.

Un repertorio que viaja en el tiempo y el mundo
Desde los primeros compases, el programa dejó claro que no se trataba solo de música navideña en un sentido convencional. El concierto fue un verdadero recorrido musical por distintas épocas y regiones. Se escucharon piezas de tradición europea, con raíces en países como Alemania, Italia y Ucrania, junto a obras que forman parte del imaginario latinoamericano.
Entre las piezas interpretadas destacaron composiciones del repertorio clásico y sacro, villancicos tradicionales y obras que han acompañado la celebración de la Navidad por generaciones. La música latinoamericana tuvo un lugar especial con Los Reyes Magos, del compositor argentino Ariel Ramírez, una obra que vincula la tradición cristiana con lenguajes musicales de América Latina. También resonó con fuerza Navidad en Tegucigalpa, una pieza entrañable que el público reconoce como parte de su memoria colectiva.
Uno de los momentos más cercanos de la noche fue cuando el maestro invitó a la audiencia a cantar junto con la orquesta. Ese gesto sencillo transformó al público en parte activa del concierto, recordándonos que la música también se construye desde la participación y la emoción compartida.

La orquesta, el coro y la experiencia sonora
La ejecución de los músicos fue impecable. Las secciones de cuerdas: violines, violas, violonchelos y contrabajo. sostuvieron gran parte del programa, acompañando con precisión y sensibilidad cada obra. Fue evidente la habilidad técnica de los intérpretes y su capacidad para adaptarse a estilos diversos, desde lo más solemne hasta lo festivo.
El Coro de la Asociación Filarmónica Coral de Honduras aportó una dimensión especial al concierto. Escuchar sus voces, bien equilibradas y llenas de matices, fue uno de los grandes aciertos de la noche. En conjunto con la orquesta, el coro logró momentos de gran fuerza emocional, recordando por qué la música coral sigue siendo un pilar fundamental en este tipo de celebraciones.

Música compartida, cultura que se construye
El concierto fue de entrada gratuita, un gesto importante que permitió que más personas accedieran a este tipo de experiencias culturales. Al mismo tiempo, se invitó al público a colaborar con la campaña pro construcción de la Escuela de Artes Escénicas y Musicales, un proyecto orientado a fortalecer la formación artística en el país. Este llamado recordó que, aunque la música se ofrece como un regalo, su continuidad también depende del apoyo colectivo.
Salir del templo al final del concierto fue hacerlo con una sensación clara: la música, cuando se comparte de esta manera, tiene la capacidad de cerrar ciclos y abrir otros nuevos. Este concierto de Epifanía no solo celebró una fecha litúrgica, sino que reafirmó el papel de la Orquesta Filarmónica de Honduras como generadora de encuentro, memoria y esperanza, justo al inicio de un nuevo año.


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